martes, 4 de septiembre de 2012

Food Trip Italy Alessandria

Este es el inicio -aunque un poco tardío- de las crónicas del viaje gastronómico por Italia que realicé, junto con mi esposo, hace un año. Las bautizamos: FOOD TRIP ITALY. 

Aún no sé por qué, casi 12 meses después, me llené de valor para comenzar a relatar el viaje más hermoso que he hecho en mi vida. Quizá porque aún, sigo recordando cada sabor, cada experiencia gustativa, mientras miro y miro las fotos. Dicen que recordar es vivir y yo quiero vivir todos los días Food Trip Italy porque la intención de ambos era degustarnos Italia y 'comernos la bota' bocado a bocado, al mismo tiempo que la conocíamos a través de sus espectaculares vinos.

A grandes rasgos, y para que tengan una idea de los lugares que recorrimos, Food Trip Italy comenzó en París para luego volar a Milán y establecernos en Alessandria. Teniendo este destino como base, aprovechamos para viajar en tren a Milán, Turín y Sabona.

Luego, alquilamos un carro en Alessandria y nos atravesamos la parte norte de Italia hasta llegar a Mogliano Veneto: un pueblo a 15 minutos de Venecia, en tren. Nuestra siguiente parada fue, por supuesto, Venecia y sus islas San Giorgio y Murano. 

Después, partimos rumbo a Bolonia en donde nos establecimos y de donde partíamos hacia Parma y Maranello. Luego, el turno fue para Siena y La Toscana, más exactamente Chianti, Castellina in Chianti, Montalcino y alrededores.

Enseguida conducimos rumbo a Florencia en donde nos estuvimos dos días y entregamos el carro; Asimismo viajamos en tren a Roma, en donde permanecimos cuatro días más. En total, viajamos alrededor de Italia durante un mes para finalmente volar de Roma a París y de París a Bogotá. 

En esta ocasión, comenzaré contándoles sobre el primer día en Alessandria. El jueves 22 de septiembre viajamos de Paris a Milán a visitar a nuestra gran amiga –la mejor cocinera de Italia– Raffaella Cipparolli, quien nos hospedó en su casa.

Raffaella, Olivia y yo.










 
Olivia, su hija, nos recogió en el aeropuerto de Milán y nos llevó hasta Alessandria -que queda a una hora y media- más exactamente al Valle San Bartolomeo.

El Valle San Bartolomeo queda a 15 minutos de la ciudad de
 Alessandria.
De fachada amarilla y con una vista espectacular, la casa de Raffa retrata la vida campesina tan tranquila que se vive en el norte de Italia. De hecho, esta fue la vista que teníamos desde nuestra ventana.



En el patio delantero Raffa sembró en macetas, una variedad de hierbas aromáticas, entre las que se encuentran la hierba Luisa con la que  mi amiga fabrica su propio licor a base de alcohol destilado puro, llamado Erba Luisa. Para su elaboración, la hierba se macera en alcohol durante varios días hasta que adquiere su carácter fragante. Digamos que se trata de su propio pus café o digestivo, así como el limoncello es tan común en el sur.



De almuerzo de  bienvenida,  Raffa y Olivia nos prepararon, de primi piati, un bowl de tagliatelle con olivas negras, alcaparras y pomodoro, acompañados de grisinis.


De secondi piati, cerdo al pomodoro acompañado de un Soave de la provincia de Verona.



Y de postre, strudel de manzana. 

  
La cocina de Raffa es sencilla, sin pretenciones. De hecho, creo que no se ha dado cuenta de lo bien que cocina, pues siempre argumenta con un: "pero si no es nada". Quizás porque los italianos nacen con la culinaria en sus venas. Cocinan desde pequeños y divulgan su gastronomía alrededor del mundo sin darse cuenta: siempre que Raffa nos visita en Colombia, reservamos una tarde entera para cocinar en casa ñoquis, salsa de berenjena con pepperoncino, rissotto con espárragos y parmiggiano y ossobuco.

Para Raffa la cocina no es un complique y no está destinada a grandes chefs. Es desnuda, tal y como vino al mundo, y eso la hace ver más sencilla cada vez que comparte una receta. Eso sí: se considera extricta en lo que se refiere a la calidad del producto y en el respeto de su denominación de origen. De hecho, de sorpresa me tenía, guardada en la nevera, una cuña de queso gorgonzola, propio del norte de Italia,  que me disfruté en cuatro noches y cinco días como si fuera un ritual de iniciación a un mundo sencillo y sin pretenciones, ese en el actualmente vivo.

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